El periné es una zona muscular situada en el  límite inferior del tronco que tapiza y cubre el fondo del suelo de la pelvis, razón por la que también se conoce como suelo pélvico.

Es una estructura tremendamente interesante porque en su funcionalidad debe contemplar la capacidad de flexibilizarse y permitir que distintos elementos se abran paso a través de él, como sucede cuando el pene entra dentro de la vagina, durante la defecación o con el bebé en  el parto, por ejemplo.

Y por otro lado, precisa de una cierta fuerza y tono para dar sostén a las diferentes vísceras que se encuentran contenidas en él como el útero,  la vejiga y el recto, y evitar su desplazamiento en actividades que implican salto, rebote o empuje.

Desde esta doble funcionalidad el periné contiene, permite, sostiene, recibe y responde al juego de fuerzas de elementos tan diferentes como la tos, la risa, la carrera, el salto, el aerobic, el estreñimiento, el embarazo, el parto, el levantamiento de peso, el orgasmo o el canto.

De un tiempo a esta parte se ha prestado cada vez más atención a esta zona del cuerpo desde una intención terapéutica y también preventiva. Aquélla va dirigida al tratamiento de las alteraciones que pueden producirse en sus dos funciones y ésta pone la atención en los momentos más críticos para la aparición de estos problemas como son el embarazo, el parto y la menopausia.

La propuesta de abordaje en el trabajo con el suelo pélvico más habitual y conocida es la que busca una mayor tonicidad y fuerza. Propone tablas de ejercicios basados en series de contracciones o el uso de pesarios o bolas chinas para reforzar esta capacidad de contención y soporte de la que hablábamos.

Sin embargo, su eficacia  en la prevención de dificultades como las diferentes incontinencias  y el descenso de vísceras o  prolapsos no termina de estar bien definida a pesar de que se recomiendan como algo que deben hacer todas las mujeres  a lo largo de su vida, sin prestar demasiada atención a sus circunstancias individuales.

Cuando hablamos de las dificultades que existen en relación a esta zona del cuerpo solemos pensar con mucha frecuencia en un  tono muscular debilitado. Pero también en ocasiones el exceso del mismo es lo que puede provocar malestar, como por ejemplo dificultades en la penetración durante un encuentro erótico o en la introducción de un tampón o una copa menstrual.

Por este motivo conviene no olvidar que junto al trabajo sobre el tono y la fuerza se puede desarrollar otro más centrado en la flexibilidad de esta zona. A veces de forma complementaría y en otras de manera exclusiva, según sean las necesidades de la mujer.

Y estas necesidades no se pueden establecer atendiendo exclusivamente al estado de la musculatura, sino que implica la necesidad de preguntarnos como profesionales por las vivencias que desencadenan los síntomas en cada mujer en tanto ser sexuado.

Las sensaciones de presión en la vagina, los cambios en la apariencia habitual de los genitales, la pérdida de orina en momentos puntuales o  las molestias y el dolor cuando se introduce en la vagina el pene o los dedos, por ejemplo, son vividos de manera diferente por cada mujer que atendemos.

No todas se sienten igual de incómodas por las pérdidas o los prolapsos ni  tampoco supone el mismo malestar cuando la molestias se presentan en contextos tan diferentes como la actividad deportiva o el encuentro erótico.

Esto deja claro que el objeto del tratamiento no es la estructura muscular y que reducir el tema de las dificultades alrededor del suelo pélvico a una tabla de ejercicios como quien hace abdominales resulta  una mirada estrecha y excluyente sobre una realidad tan compleja y llena de matices como es el hecho de ser sexuados.

Caminar hacia la mejora de los síntomas percibiendo hasta que punto limitan y dificultan las vivencias satisfactorias que cada mujer tiene sobre su ser mujer, sobre su cuerpo erótico y su encuentro íntimo con el otro, es el objetivo.

Partir de la toma de conciencia sobre el suelo pélvico, ubicarlo, sentirlo y descubrir las sensaciones que nos genera integrándolo como parte de nuestro cuerpo sexuado es  la invitación que como profesionales hacemos a las mujeres que acuden a nosotras.

Miriam Sobrino y Almudena Herranz