¿Escuchasteis la entrevista a Miriam sobre las tensiones en pareja ante la búsqueda de embarazo? Tanto si es que sí, como si es que no, seguro que os interesa la segunda parte de este post: el artículo escrito donde podemos profundizar en este tema de tanto interés. Lo podéis leer abajo. Y para escuchar el programa de radio, si aún no lo habéis hecho: Aquí online y aquí para descarga

 

Tensiones en la pareja ante la búsqueda de embarazo:

40 semanas. Glòria Vives Xiol

 

Hoy en día las parejas tienen a su alcance diferentes estrategias para gestionar su deseo de crear una familia, y por ello decimos que la mayoría de los embarazos son planificados. Así, no se trata solo de deseos, sino que detrás hay, en la mayoría de los casos, un plan elaborado que busca conseguir un fin.

 

Sin embargo, creer que podremos planear el momento concreto en que embarazarnos, el número de hijos que tendremos, la estación del año en  que gestaremos, los años que se llevarán… nos presupone con más capacidades de las reales.

 

Para la mayoría de las parejas han sido mucho los años en los que se han dedicado concienzudamente a evitar que una gestación irrumpiera en su relación. Esto es, han encontrado un “hacer” que mantenía alejada la posibilidad de embarazo. Cada pareja, cada mujer, cada hombre, disponía por tanto de sus maneras de “hacer”; aquellas que tenían sentido para quienes eran: uso de anticonceptivos hormonales en sus diferentes presentaciones, preservativos, evitar algunos gestos concretos como la penetración o limitar los mismos a ciertos días del mes.

 

Tantos esfuerzos durante tanto tiempo para alejar la posibilidad de embarazo que cuando se encuentran deseándola  pareciera que con “dejar de hacer”, con dejar de poner en juego esas medidas, la gestación llegaría rápidamente. Detrás de esta creencia está la idea de que es muy sencillo que el embarazo ocurra si no se hace algo por evitarlo. Sin embargo, la experiencia para la mayoría de las parejas no es esta: “dejar de hacer” no siempre es suficiente para la consecución de un embarazo. Por ello, ese periodo que se extiende desde el deseo de hijo hasta que se alcanza el embarazo  puede añadir tensiones e inquietudes a la relación.

 

Una pareja que desea tener un hijo ve cómo el hecho de desear ya le coloca en un lugar diferente. Empieza a pensar, a hablar, a imaginar, a fantasear con el embarazo y el ansiado  hijo: ¿Cómo será él bebe? ¿Hasta qué punto se transformará mi cuerpo y cómo me sentiré? ¿Cómo me mirará el otro ante estos cambios? ¿Será niño? ¿Será niña? ¿Qué novedades traerá a nuestra vida? ¿Y seremos capaces de reajustarnos?

 

Todo esto hace que se sientan diferentes, algo ha cambiado en su identidad como hombre y como mujer, y no importa que sea el primer, el segundo hijo o que este finalmente nunca llegue, tan solo el desearlo los conforma, los trastoca, los reubica en otro lugar.

 

Y cuando el embarazo se demora en llegar y ante la idea ilusoria de que tan solo dejando de hacer este se haría presente en unos meses, suelen aparecer algunas tensiones, inquietudes, miedos, interrogantes…

 

¿Seré demasiado mayor? ¿Será que trabajo en exceso? ¿Será lo que como, el aire que respiro, el ritmo de la ciudad en la que vivo? ¿Seré yo, será el otro? ¿Y si hiciera yoga, o viviera en la naturaleza? ¿Y si me lo tomara menos en serio, si dejara de preocuparme? ¿Será que no sé relajarme? ¿Tendré algo que no funciona bien?…

 

¿Cómo desenvolverse en esta incertidumbre desde que una pareja deja de evitar la concepción hasta que llega el anhelado embarazo?

 

Hay una pregunta que no toma tanta presencia y sobre la que nos resulta interesante detenernos: ¿Será que esto de gestar es menos espontáneo de lo que imaginamos? Y justamente es la pregunta que más contribuye a despejar algunas tensiones que sabemos se instalan en las parejas. En efecto, lograr embarazarse suele ser eso, un logro, una hazaña para la mayoría de las parejas.

 

Y aunque siempre hay gestaciones que llegan sin que se las espere y sorprenden, diremos que no es tan sencillo como creímos después de años adoctrinados para eso que, desde la pubertad, nuestros educadores, maestros, padres y madres, médicos, enfermeras… nombraban como “evitar embarazos no deseados”.

 

Seguramente muchos de aquellos adolescentes ya pasada la treintena se han preguntado por qué no se ponen los mismos esfuerzos en informar sobre cómo “lograr un embarazo deseado”. Desde luego, hay información que sería interesante que las parejas manejaran y que contribuiría a que ese transitar por el deseo de embarazo hasta la consecución del mismo se viviera más despejado de malestares. También es interesante conocer los diferentes factores que influyen (que no determinan) sobre la capacidad de concebir de una mujer, un hombre, una pareja. Y es que,  en este momento de esplendor de las técnicas de reproducción asistida, pudiera parecer que siempre será posible con la ayuda de la técnica, creando una imagen alejada de las posibilidades reales.

 

Lograr una concepción suele requerir una actitud activa y tiene más que ver con la fecha en que se produce la ovulación (el óvulo se desprende del ovario) que con la magia, el amor o las ganas de hijo.

 

Es posible que para algunas de estas parejas conocer información sobre cifras y probabilidades les facilite vivencias más satisfactorias en todo este proceso.

 

Una pareja  tiene un 15- 20% de posibilidades de lograr un embarazo en un mes en el que haya tenido encuentros con penetración durante el período ovulatorio. De ellas, un 30% lo logra en tres meses, un 70% en medio año, aproximadamente un 80% en un año y hasta un 93% en los dos primeros años. Y todo ello sin que existan dificultades, porque recordemos que en la mayoría de los casos no ocurre nada, tan solo es cuestión de tiempo y de optimizar los encuentros.

 

Con todo, creemos que unas intervenciones centradas en enfatizar el riesgo han podido generar expectativas poco reales sobre las probabilidades de gestar de una mujer y un hombre.

 

Miriam Sobrino Olmedo. Sexóloga y matrona