Como ya sabéis Arancha Gómez, miembro de nuestro equipo, colabora en el blog de Malasmadres. En él, reflexiona sobre las diferentes formas en que la llegada de un hijo o hija afecta a la pareja, cómo la crianza dialoga con las mujeres y los hombres que son madres y padres.

En su último post nos regala un precioso relato escrito desde su propia vivencia de la maternidad. Una maternidad particular porque se hace realidad alrededor de una niña con Síndrome de Down.

Y aunque ella cree que ha dejado por un momento su mirada profesional, su mirada sexológica se cuela. Y lo hace cuando nos cuenta cómo la mujer que era en aquel momento dialogaba de forma intensa y dolorosa, con todas las mujeres que le indicaban que debía ser.

Muchos profesionales rodearon la vida de su hija desde el primer minuto. Con ello, se abrió la puerta a un incesante goteo de obligaciones, deberes, requerimientos… para un hombre y una mujer al margen de sus propios deseos y miradas sobre lo que ocurria.

Fueron los profesionales los que ocuparon el centro con sus prescripciones y sus proscripciones. A un lado quedaron la madre, el padre y la hija. Bajo la excusa de “lo mejor para la pequeña“, los protagonistas fueron los tratamientos, los procedimientos, los seguimientos…

Eso nos ocurre a los profesionales cuando desplazamos la mirada de los sujetos -de las mujeres y los hombres que buscan nuestra ayuda- a los órganos y sus funciones.