por Almudena Herranz (*)

Si existe algún área donde el conjunto de tensiones y malestares de una pareja o de alguno de sus miembros acostumbran a reflejarse e influir, es el dedicado a sus encuentros eróticos. Esto, que suele cumplirse con el conjunto de circunstancias de la vida cotidiana (estrés, conflictos laborales, familiares, etc.), suele adquirir también cierto protagonismo cuando una pareja de diferente sexo entra en alguno de los Tratamientos de Reproducción Asistida (TRA).

El conjunto de tensiones y malestares que surgen a lo largo de estos tratamientos pueden dejar a cada sujeto atribulado y con muchas inquietudes que le acompañan a cada encuentro. Esto hace que dejen de ser dos los que se encuentran en la intimidad para pasar a ser un coro de presencias en el interior de cada uno, que vuelve los encuentros multitudinarios.

No es extraño que todo ello se manifieste en una serie de dificultades que obstaculicen el disfrute en los encuentros eróticos. Nuestro trabajo junto a estas parejas nos ha permitido identificar varios factores que influyen en ello, de los cuales presentamos los dos más habituales.

 

Confusiones entre fecundación, placer y encuentros.

Pese a que se trata de una afirmación que en ocasiones resulta chocante, no suele serlo tanto cuando todos estos elementos coexisten en una práctica concreta: la penetración vaginal peneana. Más aún si esta práctica es la  preferente o central de los encuentros eróticos, para la pareja en concreto o en el imaginario de los profesionales.

La confusión está servida cuando en algunos TRA, se prescribe necesariamente la penetración vaginal peneana con eyaculación pues, en efecto, es la práctica que da más posibilidades de embarazo. De manera que se trata de una misma práctica en dos contextos bien diferentes: uno de disfrute en el marco del encuentro erótico, el otro de eficacia y eficiencia en el marco de un TRA.

Y es que una eyaculación intravaginal requiere de la introducción del pene en la vagina en unos momentos y de unas formas muy concretas para asegurar toda la eficacia posible. Lo cual es parte de alguno de estos tratamientos.

En este sentido, para que la eyaculación suceda suele ser necesario que el poseedor del pene alcance un nivel alto de excitación suficiente como para desencadenar el reflejo eyaculatorio. Además, se indica que para que haya una cantidad suficiente de espermatozoides se ha de evitar eyacular en los dos o tres días anteriores al intento. Y que esto ha de repetirse en días alternos desde una fecha hasta otra, en la periferia de la ovulación.

Es decir, que no son encuentros eróticos sino encuentros para el intento de embarazo. No son prácticas surgidas del deseo de encuentro sino del deseo de embarazo a través del encuentro. Por ello, también se ha dicho que son “encuentros técnicos” o incluso “polvos tácticos” en la medida que obedecen a un fin distinto (el embarazo) al propio encuentro y la penetración vaginal peneana no es más que su medio necesario. Su peaje.

Esperar que porque haya eyaculación, e incluso orgasmo, va a haber necesariamente placer, acostumbra a ser un deslizamiento en los distintos planos y, en definitiva, un error que genera confusión. Cuando desde el mundo profesional se proponer buscar placeres y disfrutes en este contexto, consideramos que se contribuye a meter a los miembros de la pareja en líos. Más aún, cuando se insiste en llamar a esto encuentro erótico o relaciones sexuales simplemente por el hecho de que se pongan en uso los genitales y haya eyaculación de por medio.

Confusiones entre eyaculaciones, excitaciones, placeres, disfrutes y encuentros que, bajo el paraguas de la fecundación, siembran de dificultades a los sexos en sus encuentros eróticos y que, en el tiempo, toman la forma de ausencias de erección, ganas, excitación, orgasmos, etc. de manera que tienden a introducir una experiencia problematizada o insatisfactoria donde antes no existía.

Consideramos por ello que, como profesionales, resulta muy importante distinguir lo que son las cópulas necesarias para la fecundación, de los encuentros eróticos con o sin penetración vaginal. Todavía más importante, si cabe, cuando tenemos en cuenta que los primeros son objeto de conversación en la consulta, con sus correspondientes mediciones y cuantificaciones, en la medida que se prescriben facultativamente, como los medicamentos.

Los segundos, en cambio, transcurren con otra lógica radicalmente diferente. Se producen en su intimidad, que es el espacio privilegiado para su mutua complicidad y compartibilidad. Se organizan desde los deseos de encuentro de la pareja, tanto para sus tiempos como para sus frecuencias y sus formas. Y no se miden o se contabilizan, ni está sujeto a ningún objetivo externo pues obedece a lo que sus protagonistas deseen.

 

Distracciones sobre la cuestión central

Para terminar, y a modo de cierre, no podemos dejar de comentar este punto. Se trata de un factor que habitualmente incide en la complicación de los encuentros eróticos durante los procesos de TRA.

A veces, las parejas tienen un olvido o una distracción importante que surge cuando se dejan llevar por la fuerte corriente centrada en los órganos, sus funciones y funcionamientos. Una corriente que desplaza a los sujetos y se centran en las “posible averías a subsanar”, en “deficiencias que compensar”, etc. Sobre todo, dependiendo de nuevo del tiempo que se lleve en estos procesos.

Existe tendencia con ello a olvidarse que lo que les llevo a los TRA no fue una avería, una deficiencia o un mal funcionamiento de uno o del otro, sino un deseo de ambos. Uno de los tantos que las parejas comparten. Uno más que contribuye a la consecución de lo que viene siendo la finalidad de estar juntos y hacerlo estando a gusto. Cuando las parejas recuerdan que el proyecto en el que están inmersos pretende contribuir a que estar a gusto juntos, ese “nosotros” del que se hablaba anteriormente toma de nuevo entidad y permite movilizar muchos de sus recursos.

Todas estas dificultades forman parte del trabajo sexológico, que desde Sexorum organizamos a lo largo del TRA con diferentes formatos y objetivos. En el momento previo a los tratamientos el apoyo consiste en preparar a la pareja  para que el tratamiento afecte lo menos posible a sus relaciones eróticas a través de conversaciones con sexólogos expertos.

Una vez iniciado el tratamiento, es importante poner a disposición de la pareja un espacio privado de consulta o compartido con otras parejas en situaciones similares, en el que poder plantear todas las inquietudes relacionadas con la sexualidad que no tienen espacio en las consultas médicas. Un espacio en el que la prioridad no es el embarazo sino el buen estado de la relación.

 


(*) Estracto de la intervención realizada por la autora en la “I Jornada Sexológica de Otoño. Reproducción Asistida y Pareja: Efectos (con)vivenciales de un proceso técnico”