Es muy probable que todos aquellos que nos dedicamos a la Educación de los Sexos empleemos mucho tiempo en intentar adaptar las actividades que planteamos en cada unidad didáctica. No es sencillo encontrar materiales adecuados a determinadas edades o a determinados niveles cognitivos, ya que en muchas ocasiones trabajamos con conceptos e ideas de un enorme calado.

Por esta razón somos expertos en descubrir pequeñas tareas que nos dicen grandes cosas. Intentamos utilizar materiales sencillos que sirvan a niños y niñas para entender el mundo en el que se encuentran y a verse reflejados e interiorizar grandes ideas a través de pequeñas historias.

Si nos metemos de lleno en el trabajo sobre el primer par de conceptos del Hecho Sexual Humano, es decir, el par Sexuación –Sexualidad, se nos pueden ocurrir una cantidad importante de actividades para intentar explicar a los chicos y chicas cómo son y cómo vivir de la mejor manera posible aquello que son.

Todos sabemos que la diferencia es un valor y que por tanto, hay infinitas formas valiosas de sexuar(se).

El desafío es conseguir que descubran que aquello que habitualmente se nombra como fuente de malestar puede ser pensado como un rasgo sexuado peculiar que les hace deseables para otro.En otras palabras, la misma diferencia que puede convertirse en el mayor de los problemas de un sujeto, se puede transformar en lo más significativo de sí mismo, ya que le distingue de los demás, le hace único, irrepetible, y sumamente peculiar.

Os propongo esta pequeña actividad en forma de lámina para que cada uno a su manera genere posibilidades de trabajo con el alumnado. Ricas y variadas frutas humanizadas que se sienten tristes, que viven de una manera negativa aquello que les hace diferentes de las demás frutas, sin saber que cada una de ellas a su manera esconde un manjar inigualable, un sabor dulce que no se parece al de ninguna otra fruta.

¡Sin tan sólo supieran que tienen esa dulzura que compartir!

Antonio Cubillo